Según la terapia  Gestalt dentro de cada uno de nosotros tenemos dos personajes muy peculiares.

Dos saboteadores que Fritz Perls los llamó “perro de arriba” y “perro de abajo”.

Cada uno de ellos tiene un rol bien diferenciado dentro de nosotros.

 

 

 

El” perro de arriba”

Es el que manda hacer las cosas, es el que impone todo lo que deberíamos hacer, son los mandatos sobre cómo tienen que ser las cosas, en Gestalt también llamados “introyectos”.

Estos mandatos o introyectos nos vienen normalmente impuestos por el entorno que nos rodea o bien son  mandatos familiares y nosotros como si fuéramos con un piloto automático, las cumplimos sin pensar.

 

 

Ejemplos:

Tienes que ser bueno

No hay que llorar

Hay que ser fuerte

Has de hacer las cosas perfectas


El “perro de arriba” es el policía, el protector de los “deberías” que impone el buen hacer.

De manera que nuestro “perro de arriba” se convierte así en un moralizador, mandón y represivo. De algún modo este personaje apuesta por unas conductas aprendidas sin pensar si le proporciona bienestar o no.

Si algunos de estos deberías que hemos aprendido de pequeños no se cumplen, entramos en conflicto y esto nos genera mucha ansiedad. Si por ejemplo, no puedo ser fuerte siempre, vivo muy mal la vulnerabilidad, o si las cosas no me salen perfectas, vivo muy mal el que me salgan las cosas no tan bien. 

Puedo identificar a “mi perro de arriba”  cuando me exijo, cuando en una situación siento que lo que hago “no es suficiente”, cuando me acuso de tener pereza, cuando me comparo o me juzgo por “no ser perfecto”.

 

 

El “perro de abajo”.

El “perro de abajo”  o el mandado, es el personaje interno que lucha por satisfacer nuestros deseos, instintos y necesidades.

 Si hacemos un símil, el “perro de abajo” sería nuestro niño interno y el “perro de arriba” sería nuestro adulto interno, el que pone las normas. 
El “perro de abajo”  es pasivo y dice: “no puedo” ya lo haré mañana, qué pereza me da todo, me da palo” “no quiero “….. hacer esto que me manda el “perro de arriba”. El “perro de abajo” sabotea olvidándose de las cosas, fracasa, aplaza tareas, se confunde y nunca se compromete.

Según la terapia gestalt, la ansiedad es justo la expresión del conflicto entre las dos partes de la persona. Aparece cuando lo que deseamos se opone directamente a lo que debemos hacer. El conflicto se manifiesta cuando nuestro “perro de arriba” no nos deja realizar algo que necesitamos, por ejemplo, si no nos da permiso para dejar de ser fuertes, y necesitamos un abrazo, nos empeñamos en continuar siendo fuertes, y sin necesidad de afecto, aquí puede aparecer ansiedad claramente.

Desde la terapia se facilita un diálogo entre las dos partes con el propósito de establecer una negociación entre ambos.
Tomar contacto con las dos partes, implica  poder integrar a nuestros saboteadores, de la forma que ya no cumplan la función de saboteadores, sino de potenciadores de nuestro yo. 

 

“Dentro y fuera del tarro de la basura” Ed. Cuatro Vientos, Chile. 1975)